iPhone, ese oscuro objeto del deseo

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Belleza, es el adjetivo que lo define plenamente. El sólo hecho de mirarlo una idea invade la mente: Quiero tenerlo. Esa apariencia, sin teclas, pura pantalla. Su cuerpo perfilado y delgado, sus bordes redondeados. Negro, con bordes plateados. Los iconos en la pantalla que invitan a tocarlos, a jugar con él.

Cuando se voltea noventa grados la imagen cambia, se ve a lo ancho y las posibilidades de interacción se redefinen. Cuando se acaricia con el dedo dejando una suave estela de presión el responde con una inercia leve dejando pasar los items de las listas como si tuvieran algo de peso. Bello.

Cuando un amigo se lo pasa a otro parece una escena sacada de "Viaje a las Estrellas". Y por un momento, se siente que ese futuro de exploración interestelar está al alcance de los dedos. Sólo es poseerlo, sólo eso.

Y el zoom, dos dedos alejándose simultáneamente lo sumergen a uno en la escena, logrando más intimidad. Es un objeto de deseo, hay que tenerlo y tenerlo ya.

Se hacen cuentas mentales. ¿Cuanto cupo tengo en la tarjeta de crédito? ¿Si dejo de comer algunos días me alcanzará? ¿Tal vez si no compro ese disco duro? O mejor, dejemos la compra del portátil para después, al fin y al cabo el Pentium Uno aguanta un año más con Linux... Ni siquiera se piensa en las cuotas. Lo quiero.

Pero es un oscuro objeto del deseo. Es como esas mujeres tan hermosas que es imposible negarles nada, una vez se ha caído en sus redes ya no hay forma de salir. Te niegan tu libertad y de la forma más dulce: Hacemos el amor siempre y cuando tu me compres ese auto convertible último modelo. Al día siguiente: Tu no me quieres, no me haz llevado a ese nuevo restaurante de lujo y desde hace tres días que no salimos. No te voy a volver a hablar. Y pide y pide condicionando el amor.

Después de un tiempo estamos perfectamente entrenados, no pensamos si tal o cual aplicación realmente la necesitamos y la bajamos del sitio, para poder satisfacer sus caprichos. Bajamos la canción de moda, el ring-tone, el proyector de pantalla, su iconos preferidos. Pero si son unos pocos dolares. Y bajamos y bajamos. Y la tarjeta de crédito va engordando hasta quedar obesa.

Y si podemos salirnos de circulo por un momento y pensamos: ¿Qué hemos cambiado que sea fundamental y no un cambio cosmético en el dispositivo? ¿Que construcción propia hemos hecho en ella? Ninguna.

En cambio, si hemos perdido lo más importante, nuestra libertad. La libertad de usar, estudiar, modificar y redistribuir.

Un oscuro objeto del deseo.

-- aztlek 2007-11-08 23:07:57



:) :)) :( ;) :\ |) X-( B) Markup
:\ PolkanGarcía   Estoy mayormente de acuerdo sin embargo tu argumento "...Que construcción propia hemos hecho en ella..." puede ser discutido, por ejemplo: Que aporte más que estético le haces a una laptop? que cambio fundamental haces en una de ellas e incluso en los móviles que la mayoría de los usuarios poseen? Cuántos usuarios están en la capacidad de realizar aportes estéticos a nivel de hardware a los gadgets que día a día usan? Creo que si bien todos lo deseamos el hardware y sus "moods" registran una barrera de ingreso mucho más alta que la del mismo software, siendo asi: si no modificas el hardware y el software no puedes empoderarte de tecnología? 2007-12-05 09:43:15
SamuraiBlanco  

Independiente de si estoy o no de acuerdo con lo que escribiste aquí, si tengo algo que decirte algo Aztlek: sigo afirmando que me encanta la forma como escribes, esta metáfora manejada a lo largo del escrito fue muy chévere y me transporte en algunos momentos (en otros momentos me sentí identificado ja,ja,ja,ja,ja,...)

2008-01-18 12:54:10


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aztlek/Blog/2007-11-08 (last edited 2008-08-25 09:01:26 by aztlek)