Aramil Galánodel

Luis Alejandro Bernal Romero Miembro Fundador Grupo Iskariote


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Las montañas. Se alejaban inexorablemente, mientras el vacío en su corazón crecía en la misma proporción.

- Hijo mio, un gobernante es un servidor de su pueblo, no al contrario. Si, nosotros los elfos grises somos muy orgullosos, tanto como altas son las montañas en las que vivimos. Pero su líder debe ser tan humilde como orgullosa su gente - dijo gravemente Laucian Galánodel, señor de los elfos grises - Tu orgullo es demasiado grande, aún para los elfos grises, debes comenzar la curación, debes partir.

- Padre, no hay nada que puedan enseñarme los elfos menores ...

- Ni los elfos, ni los humanos , ni los enanos, ni los medianos, ni los gnomos, ni ninguna de las razas del mundo - lo interrumpió Laucian, en tono sarcástico, pero con una sonrisa bondadosa - Eso es precisamente lo que debemos curar. Debes aventurar por el mundo, aprender de todos y cuando tengas humildad podrás empezar a aprender.

- Pero ...

- Debes partir - le repitió en forma firme pero amorosa el señor de las montañas.

Y partió, con toda su carga de orgullo, con su bolsa de conjuros, unas ropas de viajero y su arco.

Su arco, uno corto, pues no tenía mucha fuerza, pero si mucha destreza.

- No es darle al blanco, si piensas en él pierdes. Lo que debes hacer es ser uno con tu arco, la flecha y el blanco. Respira suave. Corrige la postura, es más importante que darle al blanco. Fúndete, dispara - La decía su madre, Valania Líadon, jefe de los arqueros de las montañas.

Aramil disparaba y volvía a disparar y fallaba.

- Es muy fácil decirlo, pero hacerlo ...

- No pienses, solo respira.

Y fallaba.

Hasta que un día pudo dejar en blanco su mente. Sintió que todo se fundía que se disolvía en la nada. No pensabe. Y fue uno con el arco, la flecha y el blanco. Y ya no importó dar en el blanco.

Su madre sonreía con algo parecido al orgullo. Aramil, se había dado cuenta que su madre y su padre no eran elfos grises normales, no tenían ese orgullo desmedido de los de su raza. Eran distintos.

- Aramil, la cualidad necesaria para ser un buen mago es tener actitud de aprendizaje y para esto debes dejar tu orgullo al lado - Dijo su padre.

- Pero padre por más que leo este conjuro no entiendo.

- La magia no se entiende, se siente. No es un conocimiento que se pasa de un lado a otro, no es como trasvasar vino de la botella al vaso. La magia es el desarrollo de habilidades que solo adquieres con la práctica. He visto que te va muy bien con el arco. ¿Cómo haces para disparar una flecha?

- Simplemente vacío mi mente y soy uno con el blanco.

- Has exactamente lo mismo. Lanzar un conjuro es como disparar con un arco.

Levantó la mano y en ese momento sintió la magia por todo su cuerpo, después ésta se fue concentrando en su mano y se fue a cada uno de sus dedos surgiendo de ellos unos pequeños proyectiles de luz.

Otra vez su padre lo miraba con ese orgullo que no era tal.

- Las habilidades que deberás desarrollar deben ser de preferencia las que exijan destreza e inteligencia, no fuerza. Por eso no te entrenas como guerrero, sino como mago. Se acercan tiempos difíciles para los elfos y para este mundo. Tu papel será defender las cosas que amamos y liderar en contra de la gran sombra que se alza en el horizonte. Por ello deberás aprender conjuros ofensivos. Lástima, ese talento debería ser para crear y no para destruir - Dijo lo último bajando la voz y con tono de resignación - Pero bueno, esa es la naturaleza de tu destino.

Y su padre se tomaba en serio su instrucción, no solo tenía que practicar magia y arquería hasta el cansancio, sino que debería estudiar muchas otras artes y saberes.

- Un líder debe entender el mundo en el que está, por eso historia, geografía y los planos. Realeza y nobleza simplemente por que tienes sangre noble. ¿Pero por que quieres aprender máquinas de asedio? No es un quehacer para un noble.

- Padre, si mi destino es liderar a los elfos grises en un futuro de guerra, debo aprovechar mi inteligencia innata y aprender la ingeniería de la guerra, el asedio.

- No solo deberás liderar a los elfos. Pero me convence tu argumento, tienes mi permiso. Pero en ningún momento se suavizará lo que ya estás aprendiendo. Muy al contrario desde hoy se intensificarán tus estudios y prácticas.

Aramil conociendo a su padre dijo:

- Eso es lo que esperaba.

- Sea entonces - Dijo Laucian con una sonrisa.

Y estudió y practicó una y otra vez y de nuevo. Hasta que un días su padre le dió la orden de partir.

Son muchos los recuerdos que dejó atrás, en las montañas. Pero con él llevaba su mayor carga, su orgullo, que en realidad es un disfraz para su debilidad, pero eso deberá descubrirlo el propio Aramil.

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